“¡Hacete respetar, nena!”
Muchos dirán que estar en pareja tiene sus complicaciones. Es cierto, ya no es todo color de rosa, el príncipe azul de repente se decolora y “viven felices para siempre” ya no suena tan eterno. Bueno, en este mundo funciona así. Lo quieran o no. Las cosas no son perfectas, y eventualmente surgen situaciones que debemos afrontar. ¿A qué me refiero? Al maldito príncipe azul resultando un reverendo idiota. (Tal vez deba ser más específica que eso). Tos y vómitos. Esos malestares son una de las estrategias habituales de los hombres golpeadores cuando asumen el rol de víctimas. Es parte de la puesta en escena del arrepentimiento, del “quiero volver”, el “no me abandones”, “si me dejas, me mato”. Parte de su máscara. Son de manual, como también lo son las chicas y mujeres que se enganchan con ellos... hasta que les cortan la cuerda y el varón se precipita al vacío de su abismo patológico en el que seguramente encontrará una nueva víctima.
Las anécdotas son similares:
“La relación duró ocho meses. Violencia física hubo en los últimos cuatro, pero antes había maltrato emocional: me desvalorizaba en lo que hacía, o los celos –me decía: ‘Sos una cualquiera, andas mirando a otros tipos’–. Yo no tenía ni voz ni voto. Y cuando terminaba de pegarme, me decía: ‘¿Ves lo que me obligas a hacer?’ Otro clásico: culparlas a ellas de los propios descontroles. En el lenguaje de las chicas se notan los meses de análisis: “maltrato emocional”, “desvalorización”, y sobre todo “baja autoestima” evidencian los elementos aprendidos para desaprender los viejos juegos que no podían dejar de jugar.
“Los golpes fueron de un día para el otro. Yo no me defendía –sigue Antonella, que no tiene aspecto de desvalida–. Sentía que ni yo ni nadie me podían defender. Además, él los pensaba: en verano eran en la cabeza, para que no se me noten, y en invierno en todo el cuerpo, total tenía ropa. Nunca en la cara. Y yo sentía que si le hablaba dulce, él iba a cambiar. Incluso le saqué turno para un psicólogo, lo que quería en verdad era un psiquiatra que lo medicara, pero no funcionó.” Otra conducta clásica: la redención llegará a través del amor y así él será un buen marido, mientras tanto... a aguantar. “Llegué acá porque llamé al 110 pidiendo lugares para llevarlo a él. Acá me propusieron denunciarlo, pero yo no quería eso, quería ayudarlo y salvar la pareja. Vine después, cuando ya había cortado, hace un año, porque tenía miedo de volver a caer, sentía que necesitaba contención. Mis viejos estaban separados y yo no tenía una familia.”
Chicas, esto no puede pasar. Tenemos que entender que por más enamoradas o por más perfecto que pueda llegar a parecer, es necesario admitir que el problema se fue de nuestras manos y no dejar que eso pase. ¡Hacernos valer por nosotras mismas! Nadie, sino más que un cobarde, golpea a una mujer. Y está en nosotras cambiar eso, hacerle frente a la situación y tenernos el suficiente estima como para lograr respeto. Respetarnos nosotras mismas para recibir el respeto de los demás.
Por eso, ¡Hacete respetar nena!: Nadie vale más que uno mismo.
Información extraída de: Noviazgos Violentos por Sandra ChaherPodes encontrar más información al respecto en: http://www.pagina12.com.ar/2001/suple/Las12/01-06/01-06-01/NOTA4.HTM
5º Humanidades
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martes, 26 de junio de 2007
martes, 12 de junio de 2007
No te olvides de ...
"Los inolvidables años de Secundaria"
Alguien una vez me dijo que para escribir bien debes escribir sobre lo que sabes. Esto es lo que sé. El año próximo será mi último año de Secundaria, y el mirar atrás no es algo que pueda evitar. Pensar en donde pasé momentos inolvidables de mi vida, sean buenos o malos, humillantes o geniales. Claro que, odiaría tener que detallar algún momento en particular para lograr hacerme entender; pero creo que esto podría ayudar.
¿Qué es lo que encontré?
Todavía está esa única profesora que marcha según su propia comparsa, el profe capo, la profe mala onda que no importa cuanto insistas, “el 6 50 no es 7”. Los preceptores copados a quienes todos los días les peleas el “tarde” a muerte y por más que te peleen y te peleen, saben que no te vas a atar el pelo. El grupo de chicas de las que todo el colegio sabe sus secretos: que hacen, como se visten, quien sale con quien. Los cumbieros, fanáticos que viven tarareando temas y bailando en los recreos. Los que se pasean con guitarras y comparten ratos de relajación todos los recreos. Y todavía está ese único chico, el único que es perfecto en todas formas, desde sus brazos musculosos hasta la forma en que, a su manera, lucha por conservar la tradición.
Siempre existirá el grupito de chicas que muestre la ultima moda en accesorios; aquellos que luchan a toda costa por desacatar las reglas del uniforme y no importa cuantas faltas reciban como castigo, seguirán siendo fieles a su estilo. En toda secundaria está el grupo de chicos grandes, por las que las principiantes mueren, el grupo de chicas que no importa cuanto maquillaje lleven encima, nunca será suficiente. Por lo menos 2 nerds por curso, quienes todos conocen como “cerebritos”: los copados que te pasan todo y los ortivas que no largan ni una sola respuesta. Y los inolvidables chicos del terciario, que no importa qué generación sea, están obligados a ser lindos y admirados por las chicas de secundaria. Todos pasamos por la inseguridad que implica querer formar parte de algo, tenemos derecho a sentirnos parte de un grupo y armar recuerdos que no se olvidan.
Y, a esta altura de mi vida, pienso que esto- todo esto- es justo como debe ser. Todo forma parte de esa cosa- La Secundaria. Una época en nuestras vidas que nunca podremos volver a repetir. Sin tener en cuenta el odioso pesar que implica “aprobar” y “cursar” materias. Es aprender a sacar lo mejor de esos años: las cosas buenas y las cosas malas, no importa cuan difícil de cruzar sea la secundaria, es un camino que todos debemos atravesar solos, para formarnos como personas. Es la oportunidad que tenemos de ser nosotros mismos, de darnos cuenta quienes somos en realidad. En el futuro no va a importar si eras la más linda, o el más inteligente, o la menos popular; es tiempo de elegir por nosotros mismos, quienes queremos ser.
Escrito por Camila Martínez Obaid, de 5º Humanidades, inspirado en el artículo de la película del director Raja Gosnell “Never Been Kissed”
Alguien una vez me dijo que para escribir bien debes escribir sobre lo que sabes. Esto es lo que sé. El año próximo será mi último año de Secundaria, y el mirar atrás no es algo que pueda evitar. Pensar en donde pasé momentos inolvidables de mi vida, sean buenos o malos, humillantes o geniales. Claro que, odiaría tener que detallar algún momento en particular para lograr hacerme entender; pero creo que esto podría ayudar.
¿Qué es lo que encontré?
Todavía está esa única profesora que marcha según su propia comparsa, el profe capo, la profe mala onda que no importa cuanto insistas, “el 6 50 no es 7”. Los preceptores copados a quienes todos los días les peleas el “tarde” a muerte y por más que te peleen y te peleen, saben que no te vas a atar el pelo. El grupo de chicas de las que todo el colegio sabe sus secretos: que hacen, como se visten, quien sale con quien. Los cumbieros, fanáticos que viven tarareando temas y bailando en los recreos. Los que se pasean con guitarras y comparten ratos de relajación todos los recreos. Y todavía está ese único chico, el único que es perfecto en todas formas, desde sus brazos musculosos hasta la forma en que, a su manera, lucha por conservar la tradición.
Siempre existirá el grupito de chicas que muestre la ultima moda en accesorios; aquellos que luchan a toda costa por desacatar las reglas del uniforme y no importa cuantas faltas reciban como castigo, seguirán siendo fieles a su estilo. En toda secundaria está el grupo de chicos grandes, por las que las principiantes mueren, el grupo de chicas que no importa cuanto maquillaje lleven encima, nunca será suficiente. Por lo menos 2 nerds por curso, quienes todos conocen como “cerebritos”: los copados que te pasan todo y los ortivas que no largan ni una sola respuesta. Y los inolvidables chicos del terciario, que no importa qué generación sea, están obligados a ser lindos y admirados por las chicas de secundaria. Todos pasamos por la inseguridad que implica querer formar parte de algo, tenemos derecho a sentirnos parte de un grupo y armar recuerdos que no se olvidan.
Y, a esta altura de mi vida, pienso que esto- todo esto- es justo como debe ser. Todo forma parte de esa cosa- La Secundaria. Una época en nuestras vidas que nunca podremos volver a repetir. Sin tener en cuenta el odioso pesar que implica “aprobar” y “cursar” materias. Es aprender a sacar lo mejor de esos años: las cosas buenas y las cosas malas, no importa cuan difícil de cruzar sea la secundaria, es un camino que todos debemos atravesar solos, para formarnos como personas. Es la oportunidad que tenemos de ser nosotros mismos, de darnos cuenta quienes somos en realidad. En el futuro no va a importar si eras la más linda, o el más inteligente, o la menos popular; es tiempo de elegir por nosotros mismos, quienes queremos ser.
Escrito por Camila Martínez Obaid, de 5º Humanidades, inspirado en el artículo de la película del director Raja Gosnell “Never Been Kissed”
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